jueves, 11 de mayo de 2017

Cuestión de estilo

Un minuto por página. Eso había respondido Sergi, compañero de clase en 3º de BUP, al preguntarle yo por su velocidad de lectura. Recién entrados en la adolescencia, el hecho de leer mucho o poco, con rapidez o parsimonia, empezaba a ser un rasgo susceptible de coquetería. Sergi trataba de ajustarse a esos 60 segundos porque aspiraba a convertirse en dirigente de un partido político en el que, de hecho, ya militaba, y en el que también acabaría militando yo, aunque en mi caso la palabra 'militar' sea un embalaje un tanto mendaz. Tan vaporosa era mi conciencia, digamos, revolucionaria, que en el círculo de formación para simpatizantes se me ocurrió decir, a propósito del Manifiesto comunista, que el estilo me parecía algo tosco. "No estamos aquí para hacer un comentario estilístico", me reprochó Sergi, a la sazón responsable de mi destete. Poco después le pedí una lista suplementaria de títulos, algo así como unos créditos de libre elección, para acelerar mi adiestramiento. Fue en ese trance, y ante la enormidad de la bibliografía que me propuso, cuando le formulé tan fatídica pregunta: "¿Cuánto tardas en leer un libro?". Sea como fuere, me apliqué a la tarea con denuedo de presidiario, subrayando pasajes que luego, en alguna de las asambleas del instituto, utilizaría para zaherir a nuestros más enconados adversarios, que no eran, como ordenaría la lógica, liberales o conservadores, sino aquellos otros izquierdistas que no suscribían por entero nuestras tesis. En fin, todos recordamos la célebre escena del graderío de La vida de Brian. Debió de ser por aquel tiempo cuando las novelas dejaron de ser lecturas escolares para investirse del aura de las verdades reveladas.

Urnacinas

En Cataluña hay urnas. Las de Barcelona, concretamente, se guardan en una nave industrial de propiedad municipal sita en la calle Perú, en el barrio del Pueblo Nuevo. El almacén, una antigua fábrica de productos químicos de unos 3.000 metros cuadrados, alberga unos 6.000 receptáculos de metacrilato cuyas medidas, conforme a lo estipulado por el Ministerio del Interior (al que corresponde la titularidad del material) son 45 cm de largo, 34 de alto y 32 de ancho, con una ranura en el centro de 18 cm y 0,5 de cm abertura. (La democracia, ya ven, conjuga el rigor normativo con toda una semántica del orificio, para que luego digan que carece de sex-appeal.) Tal como se aprecia en esta imagen, las urnas se hallan dispuestas en columnas, sobre palés. Por lo demás, y dado que la ciudad requiere unas 1.800 (salvo cuando se celebran elecciones al Congreso y al Senado, en que hacen falta el doble) es probable que una parte de las 6.000 se destine a otras localidades de la provincia.

Además de urnas, en Cataluña hay elecciones. Unas semanas antes de los comicios de turno, un grupo de empleados de la empresa Mercalim se afana en la limpieza y desinfección del material. De no ser así, las cajas llegarían a los colegios con un poso de inmundicia por el que no habría diferencia entre depositar el voto en el contenedor y echar la basura en la urna. Se trata, en fin, de que esos fachendosos que se jactan de votar tapándose la nariz no deban hacerlo de verdad, por mucho que lo merezcan.

Deben de haber leído que el Gobierno autonómico pretende comprar 8.000 urnas para dar la palabra al pueblo. No. Lo que pretende es tirar esas 6.000 al vertedero.


The Objective, 11 de mayo de 2017

martes, 9 de mayo de 2017

Despachos colonos

En las últimas dos semanas hemos visto cómo el máximo representante de la vieja trova catalana anunciaba represalias contra aquellos funcionarios (en alusión, sobre todo, a jueces y policías) que no se avengan a infringir las leyes, postrera distinción entre catalanes afectos y desafectos por la que, contradiciendo a título póstumo a otro don Luis, De Galinsoga, sólo los últimos serían una mierda.

Unos días antes, el Govern, valiéndose de su comité de agitación popular, la ANC, había sembrado las calles de túmulos con forma de SÍ, en lo que suponía la enésima vulneración de la neutralidad institucional.

A fin de zanjar cualquier duda respecto a la inobservancia de dicho principio, Puigdemont anunció poco después en una reunión de ese mismo comité, que habría pregunta y que habría referéndum. Restando, de paso, dignidad y atribuciones al Parlamento autonómico, que en el imaginario soberanista ha quedado reducido a un mero decorado en el que hacer ostentación del desprecio a España. Por ejemplo, y sin ir más lejos, prodigando toda clase de vítores al insigne trovador, en reconocimiento a su jovial homilía golpista.

Para lenguaje litúrgico, no obstante, el de Marta Ferrusola. Que la mayor parte de los periódicos consideren semejante puerilidad un "código secreto" o un "mensaje oculto en clave religiosa", una expresión, en fin, de sagacidad, no deja de ser un rescoldo de la pleitesía que le rindieron durante tantos años.

El desafío al Estado ha cobrado renovado brío esta misma semana con la despedida de Forcadell en su tránsito sacrificial al juzgado, que, conforme a la costumbre, fue acordonado por un séquito de provincias. (Es probable que no haya día en Cataluña en que no se cante Els Segadors, con las consiguientes réplicas televisivas.)

A todo esto, la expresidenta de la ANC alega que su imputación equivale a criminalizar la palabra, sin entender que ningún violador podría hacer valer, en su defensa, que su procesamiento equivale a criminalizar el sexo.

Mientras escribo este artículo, leo que la Generalitat publica la licitación para comprar 8.000 urnas.

Ahora multipliquen estos días, apenas quince, por ocho años.



Libertad Digital, 9 de mayo de 2017

viernes, 5 de mayo de 2017

Una comunidad de lectores: diez años del cierre de 'Diarios'

El blog Diarios, del periodista Arcadi Espada, fue pionero en España entre los dedicados al comentario de actualidad y la anotación diarística. Casi me atrevería a decir que fue pionero a secas, pues el año en que su autor lo puso en marcha, 2004, la bloguería española ni siquiera tenía conciencia de comunidad.

El antecedente de Diarios se halla en el ensayo homónimo del mismo autor, un dietario escrito durante 2001 que tenía como principal y casi único desvelo la lectura crítica de los periódicos, con la espinosa particularidad de que el crítico también se dedicaba a escribirlos. Diarios sentó las bases de lo que desde entonces ha sido la piedra angular de la obra de Espada: la (auto)crítica de la razón periodística. O lo que es lo mismo, el examen del oficio desde el oficio.

La obra, premiada con el Espasa en 2002, suscita tantos elogios como invectivas, éstas provenientes sobre todo de colegas que, al ver cómo alguno de sus artículos merece las objeciones del autor, lo tildan de arrogante, entrometido, etc. Consciente de que ha inventado un género (o de que se ha atrevido a inaugurarlo, pues la crítica periodística, como el Everest, estaba ahí) Espada se plantea proseguir con la labor en la red. Así, el 1 de enero de 2004 nace el blog Diarios, cuyo impacto en el ecosistema mediático es extraordinario. No en vano, a la audacia y agudeza de los textos, se une el hecho de que éstos ven la luz de forma inmediata, al compás de la actualidad.

Espada cuelga su post no más tarde de las 11 de la mañana, y raro es el día en que se retrasa. De este modo, el lector que accede al blog a partir de esa hora jamás ve defraudadas sus expectativas (como las habría visto defraudadas, por ejemplo, cualquier lector de periódicos que acudiera al quiosco y no encontrara el suyo; internet, en efecto, no difiere en absoluto del mundo, digamos, analógico).

Con todo, el factor que catapulta el blog hacia el éxito es el Nickjournal, una sección de comentarios que propicia que, en lo que Espada denomina la 'bodega' o 'galeras', y a los pocos minutos de que haya aparecido el texto, varias decenas de personas opinen sobre el mismo. Esa relación de instantaneidad entre el autor y sus críticos, tan común en nuestros días, había sido hasta entonces la fantasía erótica de todo escritor. Tal como apunta el propio Espada, "¡una situación soñada! O sea, una pesadilla".

Pero el Nickjournal es algo más que un conjunto de comentarios o postillas al discurso de Espada. Sus contribuyentes, ya sea embozados en un alias o nick o con su nombre y apellidos reales, dan vida en el subsuelo a una proteica conversación sobre política, cine, literatura, periodismo, si bien el tema predilecto de todos ellos son las inquinas, intrigas y amoríos que propicia el roce cotidiano, esto es, el propio Nickjournal. Espada describirá el fenómeno con estas palabras: "Lo mejor del blog, sin duda ninguna, ha sido la creación de una comunidad rojonacional. Donde, como no podía ser de otro modo, hay cafres y enfermos (a los que cuidamos: mereceríamos apoyo por nuestra labor humanitaria), y gente de la que aprendo, sin excepción, cada día".

Consciente de que algunas de las reflexiones del Nickjournal rayan en la exquisitez, Espada rescata al final del día algunas de ellas para airearlas en la página principal, en pie de igualdad con sus textos. Los comentaristas dan en llamar al reconocimiento 'pasar el día en cubierta', en alusión al hábitat original, 'galeras', y así, con la pértiga clavada en esa jerga, suelen felicitar al agraciado: '¡Feliz día en cubierta!'. Como una charca en la que germinara la vida, Diarios estaba engendrando su propio lenguaje. 

Paz Vega López

La metaliteratura en el Nickjournal alcanzaría su cénit con la irrupción entre los comentaristas de Paz Vega López, que se presenta como "una joven madrileña de 18 años, estudiante de primer curso de filología que ansía convertirse en escritora". En sus primeras intervenciones, se ciñe al 'menú del día', es decir, a juzgar el texto de Espada, bien es cierto que con sin par candidez. Andando el tiempo, no obstante, empieza a explayarse acerca de su escarceos sexuales, la animadversión que siente por su padre, sus amores frustrados. Todo ello, salpicado con apuntes de sus tentativas como novelista, en lo que, tal como ella misma presume, no son sino los comienzos de una férfil y exitosa carrera literaria.

Pocos sospechábamos que el personaje de Paz era una construcción literaria del escritor Antonio Gálvez, que incluso había arropado a su criatura con una página web para divulgar su primer manuscrito, Loko y brillante, un texto frenético y descoyuntado, infestado de mamadas al profesor y desplantes a la ortografía; una fina parodia, en suma, de las jóvenes que pretendían emular a Lucía Etxebarría.

En el apogeo de su comedia bufa, Gálvez llega a enviar el manuscrito de Paz a editoriales como Anagrama, Poliedro, Anaya, o la revista Lateral. Y Paz, por supuesto, no tiene el menor empacho en airear las respuestas de los editores en el blog de Espada: los noes diplomáticos de Horacio Vázquez-Rial, Paula Canal, Mihály Dés...

Un año y medio después, el propio Gálvez se quitaría la máscara en su propio blog. El artificio había mantenido engañados a decenas de escritores, periodistas, profesores, pues tal era el perfil de los usuarios del blog de Espada. Algunos de ellos aun cayeron en la humanísima tentación del flirteo a lo pigmalión. Gálvez (profesor de bachillerato en Cornellá) recogió su peripecia en un libro, Caliente, donde relataba los pormenores de su genial impostura, incluyendo una jugosa correspondencia privada que dejó en evidencia a más de un insigne contribuyente del blog de Espada.

La escritura de la intimidad

Uno de los temas en que Espada pretendió ahondar, con resultados dispares, fue la escritura de la intimidad, asunto capital en la literatura. Con estas palabras describía su 'fracaso' ante Justo Serna, asiduo del blog: "Tengo un problema con el blog. Específico. La intimidad. En el primer volumen de Diarios había retazos, como usted dice. Ahora me cuesta mucho más. Incluso los retazos. No encuentro la voz apropiada. Y si no la encuentro es que, quizá, no debo encontrarla. La intimidad, el léxico de la intimidad es el principal problema literario, dijo Pla. Estoy bastante de acuerdo. En los blogs hay muchos ejemplos de esa intimidad expuesta. Y muy pocos bien resueltos. Supongo que la escritura en directo, esta escritura que se produce y se ve debe de estar en la raíz del problema. Voy a seguir intentándolo. Quisiera alcanzar una exhibición violenta y educada de lo íntimo. Verdadera y transitiva".

El más justo comentario respecto a lo que supuso, para toda una generación de escritores, el blog de Espada, corresponde a Roger Corcho, que al ser preguntado por Cristian Campos por el libro que le marcó, respondió: "No fue un libro".

martes, 2 de mayo de 2017

Del Ibex 35 al CAC 40

La candidata ultra Marine Le Pen suele referirse a su rival como el exbanquero Macron, burda atribución con la que trata de azuzar la inquina del electorado. No en vano, y en tiempos del ¡sí, se puede!, un banquero no es sino un sujeto despreciable, un rufián al que mueve únicamente el amor al dinero; un prontuario, en fin, de la vileza del mundo. El populismo ha revestido de fatua dignidad las injurias típicamente antisemitas, lo que explica que Le Pen, aun a riesgo de ser acusada nuevamente de racista, haya explotado ese filón sin embozo alguno. La célebre superioridad moral de la izquierda, en efecto, ha propiciado que el Frente Nacional se sacudiera su más vergonzante complejo.

El tercer vaso comunicante de esa ciénaga es la prensa, que en Europa ha sido bastante menos hostil a Mélenchon y Le Pen de lo que Washington se mostró con Trump, y que ha tendido a asumir, cuando no a ensalzar, las razones que aquéllos han esgrimido para salvar a Francia de sí misma. (Del mismo modo que en España hizo fortuna la especie de que Podemos erraba en las soluciones pero acertaba en el diagnóstico).

En lo que concierne a Macron, algunas de esas razones son prodigiosamente retroactivas. Hace apenas dos años, el candidato socioliberal era (extraigo los sintagmas de cuatro diarios de referencia: dos españoles y dos franceses) "el ministro estrella", "el ministro más liberal del Gobierno socialista", "el ministro mejor valorado del Gobierno", "el político de la izquierda preferido por los franceses", "el electrón libre del Ejecutivo francés", "el máximo representante del ala socoliberal del Gobierno" o "la joven estrella del Gobierno de Manuel Valls". Asimismo, "Manu, como le llaman sus próximos", se había formado en "la prestigiosa Escuela Nacional de la Administración" y no había "discusión respecto a sus cualidades: brillante, trabajador, simpático, culto y con capacidad para escuchar".

Hoy, el político llamado a impedir el desmoronamiento de Europa ni siquiera merece tal condición. Y en reverberación, insisto, del bullshit melencho-lepenista, ha pasado a ser un "candidato de diseño", un "tecnócrata sin ideales", un "servidor del establishment", el "inspirador del fallido quinquenato" o un "vendedor de humo" que "daba cenas en su ático para tejer una red de amistades que lo condujera a la Presidencia". Por lo demás, la Escuela Nacional de Administración ha dejado de ser prestigiosa. Ahora, y conforme a las apetencias del pueblo, es elitista.


Libertad Digital, 2 de mayo de 2017

jueves, 27 de abril de 2017

Anémona y cuchillo


Mientras subimos la rampa que da acceso al Bullilab, 3.000 metros cuadrados de almacén en una de las faldas más sórdidas de Montjuic, Salvador Sostres me advierte: "Si ahora no sabes en qué consiste el Bullilab, lo más probable es que al salir sigas sin saberlo". Dentro nos esperan Arcadi Espada y Ferran Adriá, al que la gripe no acaba de aplacarle su entusiasmo. No en vano, Sostres y Espada han sido los más conspicuos divulgadores de la obra de Adriá, en un pródigo apostolado que ha contribuido a que tantísimos profanos, como es mi caso, comamos polenta helada por delegación.

El Bullilab es un laberinto donde 70 profesionales, entre los que se cuentan diseñadores, filósofos y periodistas, tratan de ordenar, clasificar y jerarquizar todo lo que el hombre sabe sobre gastronomía. Y extraer de ese conocimiento algo así como la piedra filosofal de la creatividad (su genoma, precisa Adriá) con la idea (les hablo a tientas) de pasar por el cedazo conceptual de El Bulli cualquier actividad humana. El recinto, un semillero entre el garaje de Steve Jobs y la biblioteca de El nombre de la rosa, contiene miles de legajos, libros, vídeos, paneles interactivos... La idea, supongo, es acabar linkando los documentos. Al término de la visita, la pregunta (retórica) que Adriá formuló en Twitter, "¿Qué tipo de información necesitamos de un ravioli para que se convierta en conocimiento?", adquiere un barniz socrático.

Cenamos en Estimar, el puesto de pescado que Rafa Zafra, discípulo de Adriá, tiene en Santa María del Mar. Sostres y Arcadi no parecen dispuestos a hablar de otra cosa que no sea de cocina o, más precisamente, de cocineros, y como dos improvisados pitchers le van lanzando nombres a Adriá, que, no obstante, los batea con una flacidez exasperante. Espada le reprocha su renuencia a criticar a los profesionales de su gremio; es más, intenta persuadirlo de que hay un aspecto de su trabajo, el que tiene que ver con la prescripción, que le obliga a ello. Mas Adriá sólo hablará, y muy bien, de Ángel León; curiosamente, sin haber probado nada de lo que cocina actualmente, fiando su criterio a lo que ve, a lo que le cuentan: a su intuición. En la conversación aparece el nombre de Dìdac López, quien diera vida a La Estrella de Plata, el mejor bar que ha habido en Barcelona en los últimos 20 años, gastro avant la lettre. "Está mejor; trabajando en Florida", oigo. Y me viene a la cabeza una noche de hace veinte años en que el mismo hombre que tengo ante mí, en la barra de La Estrella, le pidió a Dídac una anémona y un cuchillo. Y entre trago y trago de vino, empezó a rasgarle los tentáculos al animalillo, tratando de descifrar, imagino, qué tenía ante sí, si un ravioli en ciernes o la capipota del futuro. El Bullilab es, sobre todo, una disposición de ánimo.



The Objective, 27 de abril de 2017

martes, 25 de abril de 2017

Deus ex Macron

En Francia ha faltado poco para que dos partidos retropopulistas de sesgo totalitario y abiertamente hostiles al europeísmo se disputaran la presidencia de la República. Uno profesa el odio de raza y otro el odio de clase, de ahí que la comparación entre ambos no sea sólo pertinente sino también necesaria, por mucho que Pablo Iglesias levante un dique entre Mélenchon y Le Pen en virtud del ultranacionalismo de que adolecen los primeros. No en vano, lo que define a Francia Insumisa es, antes que el antifascismo, la inquina contra los partidos tradicionales, las élites ilustradas y los medios de comunicación; la misma clase de proclamas antiestablishment, en fin, que alimentan el discurso del Frente Nacional (y de Trump, los brexiters y Podemos). No cabe descartar, así, que una parte sustancial de votantes de Mélenchon se decante el 7 de mayo por Le Pen. Sumisamente.

A la evidente semejanza de relaciones, y que convergen, de forma aparatosa, en la sacra apelación a la Francia cazurra, terruñera y premoderna que ambiciona, sin ir más lejos, el campesino José Bové (y que guarda similitud, por cierto, con la bucólica ensoñación de Otegi, ya saben: "El día en que en Lekeitio o en Zubieta se coma en hamburgueserías y se oiga música rock americana..."; entre gañanes se entienden). A ello, decía, se añade que rojos y nacionales comparten la frívola querencia al cuanto peor mejor. Sospecho, eso sí, que si fuera Mélenchon quien hubiera precisado los votos de Le Pen, ésta no habría puesto tantos reparos al trasvase. Le habría bastado un cínico laissez-faire!

Afortunadamente, una suerte de Deus ex machina llamado Emmanuel Macron ha desbaratado (o está en condiciones de desbaratar) la amenaza lepenista. Su eclosión es también ilustrativa de una cierta modernidad. Haciendo de la necesidad virtud, Francia ha moldeado a su Rivera en un santiamén, liberando de paso a su formación, EM, de las molestas adherencias que deposita el paso del tiempo. Más allá de ese décalage, a Macron y a Rivera les une la renuencia a las etiquetas izquierda-derecha, la adscripción a un vago social-liberalismo, el repudio del nacionalismo y, sobre todo, un furibundo optimismo, credencial que a estas alturas de la Historia es, ha de ser, decididamente política.


Libertad Digital, 25 de abril de 2017